Pasar del mejor silencio, el más puro, más intenso, ese que
existe porque no hay nada que decirse porque estás absolutamente a gusto y lo
único que podrías añadir es un te quiero a que haya tantas cosas que decirse,
que gritarse, pero tan pocas ganas de hablar y tan poca fuerza para hacerlo.
Pasar de la cima de la montaña a estar por debajo del nivel del mar, así es la vida, así es la felicidad. Siempre que llegas a lo más alto un motivo u otro te hace bajar tan repentinamente que no notas la caída, solo te das cuenta del desnivel.
Luego vienen las reacciones adversas, el reir por no llorar
y el sentimiento más profundo: no
sentir, no saber si estás bien o mal, no saber nada…